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Un tirano llamado Felicidad
Practico yoga hace un par de años, y si bien disfruto mucho esos 45 minutos de disciplina, me pasa siempre que no termino de relajarme con las personas que encuentro en esos espacios. Hombres y mujeres pulcros, estilizados, casi indolentes, que se desplazan como elfos etéreos por la ciudad. Llegan siempre en modo zen, como si no les preocupara haber estacionado mal el auto, o llegar tarde al colegio para buscar a las crías. Me pregunto cuántas personas en los barrios populare

Agustina Kupsch
20 mar7 Min. de lectura
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